RANDERS REGNSKOV: 30 AÑOS PROTEGIENDO EL LATIDO DE LA SELVA TROPICAL
Hay lugares en el mundo donde la naturaleza no solo se admira: se protege, se respeta y se convierte en inspiración para actuar. Desde hace 30 años, Randers Regnskov, en Dinamarca, ha dedicado sus esfuerzos a crear conciencia sobre la importancia de los ecosistemas tropicales y la necesidad urgente de conservar la biodiversidad del planeta.
Bajo sus imponentes cúpulas tropicales que representan los ecosistemas de Asia, África y Sudamérica, siendo la última la más grande; este espacio de conservación alberga y protege cientos de especies como mamíferos, aves, reptiles, anfibios y especies acuáticas conviven en ambientes cuidadosamente adaptados para recrear las condiciones naturales de los bosques húmedos tropicales.

En medio de un ecosistema global cada vez más afectado por la deforestación, la pérdida de hábitats y el cambio climático, Randers Regnskov se ha convertido en un símbolo de cuidado de la vida silvestre. Todo gracias al trabajo de un equipo humano comprometido profundamente con la naturaleza, encargado diariamente del cuidado, alimentación, monitoreo y bienestar de cada especie.
Pero su misión no terminó en Europa. Ese compromiso por proteger la selva tropical encontró eco en Ecuador, especialmente en la Amazonía y en el cantón Loreto, donde la riqueza natural continúa siendo uno de los tesoros más importantes del planeta.

UNA ALIANZA QUE NACE DESDE LA CONSERVACIÓN

A lo largo de los años, Randers Regnskov ha fortalecido su vínculo con Ecuador impulsando iniciativas enfocadas en la conservación y educación ambiental.
Ese compromiso encontró un territorio donde la naturaleza todavía conserva su esencia más pura: el cantón Loreto. Allí, junto a Sacha Yaya, se trabaja en la protección de importantes espacios naturales como las reservas Bigai, Auca Chapana y Tormenta de la Selva, lugares donde la biodiversidad continúa desarrollándose libremente en equilibrio con su entorno.
Detrás de esta labor existe también el trabajo silencioso y admirable de los guardabosques, encargados del monitoreo y vigilancia constante de estos territorios. Sus jornadas implican extensos recorridos entre senderos, ríos y zonas de difícil acceso, muchas veces caminando durante horas para llegar a puntos de control y estaciones base dentro de las reservas.
En Bigai, por ejemplo, los recorridos pueden tomar hasta ocho horas de caminata antes de llegar a la Casa Darwin o a la Casa Río Bigai. En Auca Chapana, las condiciones climáticas muchas veces obligan a ingresar a pie cargando herramientas, provisiones e insumos necesarios para permanecer durante días en medio del bosque húmedo tropical.

Durante estas jornadas deben atravesar ríos utilizando sogas sujetadas de tramo a tramo cuando el caudal aumenta, acampar en rutas de monitoreo lejanas y recorrer extensas zonas del bosque bajo condiciones climáticas cambiantes. A ello se suma el riesgo constante de transitar en un entorno donde habitan especies silvestres como serpientes y alacranes entre otros, lo que exige preparación, experiencia y un profundo respeto por la naturaleza.
Estos recorridos también han sido compartidos por miembros del directorio de Randers Regnskov, quienes han vivido de cerca el esfuerzo, compromiso y dedicación que implica proteger estos espacios naturales junto a los guardabosques y comunidades locales.

A esta labor se suma también Minkana Forest, con el proyecto “Guardianes de la Naturaleza”, donde se fortalece la educación ambiental en comunidades urbanas, rurales y sectores vulnerables del cantón Loreto. A través de charlas, dinámicas y actividades lúdicas, su trabajo busca sembrar conciencia y amor por la naturaleza en niños, jóvenes y familias.

Treinta años después, Randers Regnskov ha demostrado que el amor por la naturaleza puede cruzar fronteras, unir culturas y construir alianzas que dejan huellas reales. Porque proteger estos territorios no significa solamente conservar ecosistemas, sino también preservar historias, comunidades y vida para las futuras generaciones.
